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Re: [escepticos] El impacto del K-T y la guerra nuclear



cdelrioc en repsol.es escribió:
> 
>      >
>      >el autor nos ofrece una estimación del impacto:
>      >10.000 veces TODO el arsenal nuclear.
> 
>      [J.E.] Muy bonito, pero a mi me parece demasido, hay muchos
>      petardillos por ahi.
> 
>              Quizás. La historia viene porque uno de los colisteros
>      consideraba que el arsenal nuclear podría destruir físicamente la
>      Tierra, y usé el ejemplo del impacto del KT para demostrar que no
>      podía ser. Por eso, aunque imaginemos que a Alvarez se le ha ido
>      la olla y se ha equivocado en un factor de 2 magnitudes (y no
>      creo que lo haya hecho) seguimos teniendo que el impacto del KT
>      es 100 veces mayor que todo el arsenal nuclear, con lo que mi
>      exposición no cambia fundamentalmente.

 No existe posibilidad alguna de que la detonación completa del arsenal
nuclear disponible, ni el actual (unas 10.000 armas) ni el máximo -
locura - doble - familiar - con - queso de los peores años de la guerra
fría (hasta 70.000, algunas de muy alta potencia) hubiese podido
destruir físicamente el planeta Tierra, e incluso es muy dudoso que
hubiesen acabado completamente con la vida sobre nuestro planeta. De
hecho, no parece probable que hubiesen siquiera aniquilado a la
Humanidad.

 Las razones para esto son complejas y muy dependientes de la estrategia
de ataque utilizada en los dos últimos casos, pero bastante evidentes.
Destruir la Tierra ni de coña. Simplemente, sáquese cuentas: falta
energía por todas partes. Si a esto añadimos que las detonaciones
tienden a expandirse sobre todo por el lugar menos resistente -la
atmósfera-, añadimos otro elemento para negar la idea de la posible
destrucción o fractura física del planeta. Pero ni siquiera aunque todas
ellas se lanzasen con ojivas de penetración en profundidad se
conseguiría nada más que una colección de curiosas depresiones
craterizadas. Los soviéticos preveían causar daños menores a la corteza
terrestre, atacando por ejemplo la famosa falla de San Andrés con varias
decenas de cabezas de altísima potencia, en un intento de provocar un
terremoto en toda la región que en el peor de los casos hundiese
California en el mar. Pero esto es lo más gordo que podría suceder a
nivel geológico. Y tampoco tienen potencia para arrancarle la atmósfera
a la Tierra: de nuevo, sáquense las cuentas de energía.

 En cuanto a la posibilidad de aniquilación de la vida o la Humanidad,
aunque teóricamente posible, es estratégicamente improbable. A ver si
nos entendemos: a nadie se le ocurriría gastarse un costoso y
supernecesario misil ICBM multiojiva en atacar las plataformas oceánicas
o a los aborígenes australianos. Pese a la creencia popular, el famoso
concepto de "overkill" -aquello de que nos podían matar a todos 23
veces- no era otra cosa que una forma de compensar, por fuerza bruta,
las dificultades inherentes a realizar una operación tan compleja y
tecnológicamente tan crítica como un ataque nuclear avanzado. A finales
de la Guerra Fría, se estimaba que tan solo un 10-15% de las cabezas
serían capaces de alcanzar sus blancos. Un sencillo cálculo nos deja
entonces con 7.000 - 11.000 cabezas para atacar no menos de diez mil
blancos. Blancos específicos, requeridos, necesarios: centros de mando,
enlaces de cadena de mando, silos de misiles, submarinos, flotas,
aeropuertos, acuartelamientos, unidades terrestres enemigas en
movimiento, nudos de comunicación, puentes y túneles, aeropuertos,
puertos, astilleros, grandes industrias militares, grandes ciudades y
núcleos políticos, áreas industriales extensas... No sobran muchas
cabezas para atacar aborígenes o para obtener bancos de sardinas a la
brasa. De hecho se empieza a hacer corto rápidamente cuando uno empieza
a pensar en segundo escalón, reserva para uso táctico en campo de
batalla, fuerza de represalia...

 Entre 7.000 y 11.000 detonaciones nucleares de mediana y alta potencia,
más al menos otras 5.000-7.000 que habrían fallado el blanco pero
también detonado, son sin duda una catástrofe ecológica de primer orden,
pero cuya fuente habría estado concentrada en sólo algunas zonas del
planeta: Norteamérica, la entonces URSS, Europa, China, el Oriente
Próximo y Medio y detonaciones dispersas en otros lugares. Dependiendo
de la climatología, la naturaleza de las detonaciones y de si la luna
sale por Acuario  ;-)  , existía la posibilidad de un "invierno nuclear"
más o menos intenso, de no más de dos años de duración (y probablemente
mucho menos). El grueso de las partículas radiactivas se habrían posado,
a través de su propio peso y de la lluvia, en los primeros días y
semanas. Las zonas de deposición dependerían de los vientos, pero es
evidente que se produciría un incremento global de la radiactividad
terrestre.

 La perspectiva es verdaderamente atemorizadora, pero... ¿es suficiente
para acabar con la vida sobre la Tierra, o incluso con la especie
humana? La respuesta es no. Accidentes como el de Chernóbyl, o actos
deliberados como los ataques contra Hiroshima y Nagasaki, y pruebas como
las atmosféricas realizadas tanto por EEUU como URSS como otros países
en los '50, nos muestran que si bien la radiactividad empeora
radicalmente la calidad de vida y las condiciones económicas de quienes
la sufren, no representa a esos niveles, digamos, "un evento ligado a la
extinción", como en la peli. El hecho es que las enfermedades derivadas
de la radiactividad en el sector de Chernóbyl, donde se llegaron a
alcanzar cifras superiores a 35.000 R/h, no han significado ni mucho
menos una mortalidad generalizada. La cifra de 350 muertos, que muchos
consideramos en su día una especie de broma cruel, sorprendentemente
puede ser mucho más cercana a la realidad de lo que se pensaba.

 En fin, que no. Otra cosa, por supuesto, sería la situación en los
lugares sujetos a ataque. Las regiones víctimas de ataques de múltiples
cabezas megatónicas se convertirían en una versión corregida y aumentada
del infierno. La perspectiva de que una ciudad de 10.000.000 de
habitantes se convierta en un lago de metales y cristal fundido es
perfectamente real. La cifra de 650 millones de muertos y 1.500 millones
de heridos graves y afectados de SRA en los primeros 45 minutos de
guerra es real. Las armas de ultravioletas destinadas a esterilizar las
zonas de cultivo son reales. Las de pulsación electromagnética, capaces
de detener el 90% de los sistemas eléctricos y electrónicos en 2.000 kms
a la redonda, también. La deposición radiactiva es real. Las epidemias
también. El caos sería rápido, brutal, la Historia de la Humanidad
habría cambiado para siempre. Las consecuencias serían terribles y
sorprendentes, tanto material como sicológica y sociológicamente. Pero
no sería la extinción.

 Y una cosa para terminar. La nueva cifra de 10.000 cabezas
(probablemente hasta 17.000) con que han "decidido quedarse" si que es,
en buena parte, un engaño. Queda muy bonito y tal, hemos reducido el
arsenal nuclear a su séptima parte... pero la realidad es que las armas
nucleares modernas han incrementado brutalmente su eficacia y precisión,
con lo que se estima que ahora el número de cabezas que alcanzarían
eficazmente sus blancos... ¡sería de más del 50%! Si añadimos una serie
de consideraciones adicionales que sería demasiado largo detallar ahora,
la pura realidad es que la supuesta "reducción" es menor. Si a esto le
unimos los fenómenos de proliferación, y el hecho de que al haber menos
armas aumenta el riesgo de escalada rápida (al no poder sustentar una
serie de ataques y contraataques controlados por déficit numérico, la
tentación de causar el máximo daño posible de un solo golpe devastador
aumenta), la perspectiva no es tan halagüeña como la pintan. Aunque ya
no esté de moda, la amenaza de guerra nuclear está ahí y es también muy
real.

 En fin, creo que me he alargado demasiado. Espero que al menos sea de
utilidad.

 Un saludo,

Toni Cantó
http://www.isid.es/users/toni/randi.html