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[escepticos] Nota de prensa de ARP sobre la sábana santa



Nota de Prensa de ARP-SOCIEDAD PARA EL AVANCE DEL PENSAMIENTO CRITICO

LA EXPOSICION PUBLICA DE LA SABANA SANTA REABRE EL DEBATE SOBRE LA
AUTENTICIDAD DE LA FALSA RELIQUIA

Supuestos expertos recurren a mentiras y tergiversaciones para rechazar las
pruebas que demuestran que el lienzo es de origen medieval

La exposición pública de la llamada sabana santa, que podrá ser contemplada
desde el sábado hasta el 14 de junio en la catedral de Turín, ha reabierto
el debate sobre la autenticidad de la falsa reliquia. A pesar de que el
Vaticano admitió en 1988, tras el concluyente dictamen del carbono-14, que
el lienzo es de origen medieval, supuestos expertos vuelven a recurrir a
mentiras y tergiversaciones para defender que la pieza de lino envolvió el
cuerpo de Jesucristo y es una prueba de la resurrección.

Los defensores de la autenticidad de la pretendida reliquia, que se mueven
exclusivamente por la fe, ocultan a la opinión pública las numerosas
evidencias que demuestran que la pretendida reliquia no es sino obra de un
artista medieval, tal como denunció hace ya seis siglos la principal
autoridad eclesiástica de la región donde apareció por primera vez el
lienzo. En 1389, el obispo Pierre D?Arcis escribió un largo informe, en el
que advertía al papa de Avignon Clemente VII que Henri de Poitiers, su
antecesor al frente del Obispado de Troyes, «descubrió el fraude y cómo
dicho lienzo había sido astutamente pintado, ya que de esa verdad testimonió
el artista que lo había pintado, o sea que era una obra debida al talento de
un hombre y en absoluto milagrosamente forjada u otorgada por gracia
divina». Un año después, el papa de Avignon reconoció, en el caso de la
reliquia expuesta en Lirey, «no se trata de la Verdadera Sábana de Nuestro
Señor, sino de un cuadro o pintura hecha a semblanza o representación de la
sábana». Exactamente lo mismo que hace diez años dijo el cardenal Anastasio
Ballestrero.

Fue a finales del siglo XIX cuando los sindonólogos establecieron cuál era
la diferencia entre el lienzo de Turín y los más de cuarenta sudarios de
Cristo que se habían diseminado por Europa durante la baja Edad Media: tras
tomar varias placas fotográficas de la imagen, el abogado italiano Secondo
Pia anunció en 1898 que el sudario era un negativo. Algo que hoy siguen
manteniendo muchos presuntos expertos que, al igual que Pia, se dejan llevar
por las apariencias y no son capaces de darse cuenta, por ejemplo, de que
las manchas de sangre de la sábana son rojas -algo imposible en un negativo-
y la barba del hombre de la sábana es negra, lo que quiere decir que el
individuo supuestamente envuelto en el lienzo era un anciano de barba
blanca.

Un ser deforme y con pintura por sangre

El hombre retratado en el sudario de Turín es, además, un ser deforme, como
se deduce del hecho de que la figura presenta una serie de detalles que
violan las leyes anatómicas. Mientras que en la imagen frontal aparece
relajado, con ambas piernas totalmente estiradas, en la vista dorsal está
impresa la planta del pie derecho, lo que exigiría que hubiera doblado una
rodilla. En el rostro, no hay ninguna simetría y la larga melena no cae
hacia la nuca, sino que se mantiene suspendida como por arte de magia. Pero,
aún hay más. Cuando alguien se tumba de espaldas, las nalgas quedan
aplastadas contra la superficie en la que el cuerpo reposa y eso no ocurre
con la figura de la sábana, que, en el colmo del puritanismo, oculta los
genitales tras las manos. Además, en la zona de la tela donde debería estar
impresa la parte superior del cráneo, no hay nada. Por si eso fuera poco, la
distancia que separa la frente de la parte posterior de la cabeza ronda los
12 centímetros; es la propia de un ser microcéfalo. Algunos defensores del
sudario han indicado, por esto, que Jesús padecía una enfermedad hereditaria
llamada síndrome de Marfan. ¿En qué quedamos, la figura de la síndone es la
de un hombre perfecto o la de un enfermo?

Que la sábana santa no contiene huella alguna de sangre lo demostró a
finales de los años 70, Walter McCrone, probablemente el microanalista
forense más competente del mundo y en aquel entonces miembro de la Sociedad
para la Investigación del Sudario de Turín (STURP), un grupo de creyentes
relacionado con la religiosa Hermandad del Santo Sudario, muchos de cuyos
integrantes vuelven estos días a liderar la cruzada por la autenticidad de
la reliquia. McCrone detectó en el lienzo muestras de bermellón y rojo de
rubia, pinturas utilizadas en la Edad Media. Los resultados del trabajo de
McCrone no fueron, obviamente, del agrado del STURP, ya que confirmaban la
hipótesis artística apuntada por Henri de Poitiers, Pierre d?Arcis y otros,
así que fue expulsado del STURP. «Tengo buenas y malas noticias -dijo
irónicamente McCrone en el congreso en el que anunció sus conclusiones-. Las
malas son que el sudario es una pintura. Las buenas son que nadie me cree»

Otra de las supuestas pruebas que el tiempo echó abajo fue la de los rastros
de polen. El palinólogo suizo Max Frei tomó en 1973 muestras de polvo
depositado en doce puntos del lienzo y detectó la presencia de polen de una
treintena de especies propias de Oriente Próximo que no existen en Europa.
El estudio de Frei sólo tiene un problema: hay que fiarse de la palabra del
experto, ya que nadie controló en su día la recogida de muestras ni ha
logrado después los mismos resultados. El establecimiento de mecanismos de
control y la repetibilidad del experimento son algo fundamental en ciencia.
Hasta el propio STURP considera que la muestra de Frei «no es
estadísticamente significativa. Los pólenes podrían haber sido llevados por
el viento o depositados por los visitantes de la sábana; su presencia no
prueba que la sábana estuviera nunca en Tierra Santa». Por si fuera poco,
Frei no es un estudioso digno de crédito: en calidad de perito calígrafo,
certificó en su día la autenticidad de los falsos diarios de Adolf Hitler.

El radiocarbono y la ?resurrección? de Willard F. Libby

Después de más de seis siglos de controversia, el Vaticano aceptó en 1988
que se sometiera la sábana santa a la datación mediante radiocarbono. El
cardenal Anastasio Ballestrero confirmó el 13 de octubre de 1988 las
sospechas de los escépticos. Los análisis científicos llevados a cabo,
independientemente, por tres laboratorios de Estados Unidos, Gran Bretaña y
Suiza demostraban que el tejido del sudario de Turín había sido
confeccionado entre los años 1260 y 1390. La Iglesia aceptó el veredicto de
la ciencia; pero confirmó «su respeto y su veneración a esta imagen de
Cristo, que sigue siendo objeto del culto de los fieles. El valor de la
imagen -puntualizó Ballestrero- es preeminente respecto al eventual valor de
muestra histórica».

Los resultados no sorprendieron más que a los inventores de misterios, ya
que los investigadores rigurosos que habían examinado el sudario estaban
convencidos de su origen medieval. En septiembre de 1980, Walter McCrone
había advertido que el carbono 14 iba a datar la pretendida reliquia «el 14
de agosto de 1356, diez años más o menos». Vittorio Pesce, antropólogo de la
Universidad de Bari, mantenía meses antes de la datación por radiocarbono
que la sábana había sido confeccionada entre 1250 y 1350. Y es que los
documentos históricos, la iconografía, los materiales y las técnicas
empleadas se bastaban y se sobraban para situar la aparición de la sábana en
Francia a mediados del siglo XIV.

El Vaticano aceptó los resultados del examen científico; pero los
empecinados sindonólogos, los mismos que habían obviado los análisis de
McCrone, emprendieron una campaña de descrédito contra la prueba del
radiocarbono. Y lo hicieron con la torpeza que les caracteriza. Apenas
habían pasado unos meses desde la rueda de prensa del cardenal Ballestrero,
cuando salieron a la luz críticas del propio Willard F. Libby. «Tengo
curiosidad -decían que había dicho el premio Nobel e inventor del método de
datación- por leer la relación científica para examinar la metodología usada
por los tres laboratorios. Pero, mientras llega, puedo ya indicar algunos
fallos garrafales. Primero, que la muestra del lienzo ha sido cortada en un
solo lugar, y que no se ha hecho un muestreo estadístico de toda la
superficie del lienzo como exige el método o, al menos, de sus diferentes
partes esenciales. Además, el lugar escogido para los cortes de las muestras
resulta ser el que los encargados de mostrar el lienzo durante horas y días
a lo largo de los tiempos agarraban con las manos para mantener en alto y
extendido el lienzo durante las exposiciones. Por lo tanto, un lugar
?contaminado? por el sudor y grasa orgánica, vehículo especial del carbono
14». Y, entre otros, el presidente del Centro Español de Sindonología,
Celestino Cano, no dudaba en afirmar que la prueba del radiocarbono no se
hizo bien, «como más tarde ratificó el propio inventor del sistema».

¡La sábana santa había obrado, por fin, un milagro! Libby volvía de la tumba
para pronunciarse sobre la validez de la prueba del carbono 14. Las
preguntas clave son: ¿de dónde sacaron en 1989 periodistas y sindonólogos
las declaraciones del premio Nobel muerto en 1980?, ¿organizaron una sesión
de espiritismo o, simplemente, se inventaron la opinión del químico?, ¿a
nadie se le ocurrió comprobar que el científico había fallecido años antes o
es que no interesaba hacerlo? Sólo hay una cosa clara, en el caso del
sudario de Turín, pensar mal es garantía de acierto.

Cómo fabricar una sábana santa

Fabricar una sábana santa está al alcance de cualquiera. Basta con poner un
pedazo de papel sobre una moneda y frotar con la punta de un lapicero. Es
algo que han hecho casi todos los niños y que, sin embargo, son incapaces de
entender los defensores de la autenticidad histórica de la llamada síndone
de Turín. El museólogo Joe Nickell, autor de Inquest on the shroud of Turin
(1983), ha demostrado que, para obtener resultados similares a los de la
sábana santa, basta con hacer lo mismo que cualquier escolar, pero tomando
una tela y un bajorrelieve. La técnica medieval del frotado produce imágenes
con apariencia de negativos, en las que los altibajos del relieve se
corresponden con altibajos en el tono de la imagen. La figura así obtenida
tiene, como la del sudario, algunos espacios en blanco rodeando las formas
prominentes. Con un pigmento semiseco o en forma de polvo, se consigue
también que la pintura no penetre más allá de las primeras fibras, además de
no dejar marcas de brocha ni direcciones de hechura, como es el caso del
sudario.

Todo este cúmulo de pruebas, y muchas más, han llevado a ARP-Sociedad para
el Avance del Pensamiento Crítico a mantener desde 1985 que la sábana santa
no es más que una pintura medieval y a reiterar, siempre que tiene
oportunidad, el engaño del que está siendo objeto la opinión pública por
parte de sindonólogos y periodistas esotéricos que, además, nunca han
publicado sus trabajos en revistas científicas, sino en publicaciones donde
se habla de secuestros extraterrestres, espiritismo y otras muestras de
pseudociencia.