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[escepticos] RV: [ACCC] Editorial Quark 15



----- Mensaje original -----
De: Vladimir de Semir <vsemir en vanguardia.es>
Para: <accc en aleph.pangea.ORG>
Enviado: viernes 2 de julio de 1999 22:30
Asunto: [ACCC] Editorial Quark 15


LA CIENCIA HA PERDIDO AUTORIDAD

En pocas semanas, el "chickengate" se ha convertido en una gran polémica
europea. Una más de las muchas que desde hace tiempo -concretamente tres
años, cuando explotó el caso de "las vacas locas"- acosan a los
ciudadanos en uno de los aspectos más sensibles: la alimentación. Vacas
locas (problema internacional originado en Gran Bretaña), quesos frescos
contaminados por listerias (problema circunscrito a Francia), "pollos a
la dioxina" (surgido en Bélgica y que se ha extendido por toda Europa) e
incluso una equivocación en la dosificación durante la fabricación de
una de las bebidas más populares, la Coca-Cola, que motivó también en
Bélgica problemas entre unos escolares -por suerte no graves- y que
obligó a la empresa fabricante a retirar del mercado belga más de dos
millones de botellas del refresco. Son cuatro ejemplos de que se está
instalando entre nosotros una alarma social de consecuencias poco
predecibles, pero que de momento ya ha ido incrementando el recelo entre
la población -y con razón- en relación a los circuitos de consumo.
En este contexto no es de extrañar, además, que la polémica sobre la
introducción de los alimentos transgénicos en el mercado adquiera mayor
relevancia, discusión y reticencia popular, aunque este caso nada tenga
que ver con los anteriores. Está claro que vacas locas y pollos tóxicos
"contaminan informativamente" al debate transgénico, provocando que el
gran público relacione erróneamente todos estos problemas cuando
evidentemente nada tienen que ver los alimentos contaminados con los
alimentos transgénicos.
No hay duda de que los casos citados demuestran sin lugar a dudas de que
faltan controles en los circuitos de fabricación y de distribución de lo
que consumimos y también de la falta de capacidad de gestión a escala
internacional, y en muchos casos también nacional,  de las crisis
provocadas por la falta de calidad de determinados alimentos
comercializados. Es evidente que hay que profundizar políticamente  en
materia de seguridad alimenticia a todos los niveles.
Pero este no es el objetivo de nuestra reflexión. En este contexto hay
otro aspecto que salta a la vista: la ausencia de una respuesta
científica que permita al consumidor tener una referencia creible sobre
lo que está ocurriendo.
Durante la reciente crisis del "chikengate", el secretario de estado
francés de Salud y Acción social, Bernard Kouchner, no se mordió la
lengua al afirmar contundentemente que "hay que tener el coraje de
reconocer que Europa no asegura la vigilancia científica, ni dispone de
una política de sanidad pública, de prevención, de un análisis
prospectivo de los riesgos y de confrontación de expertos". En la misma
entrevista, publicada por "Le Monde" el 10 de junio, este médico y
político francés de estirpe poco habitual propuso la rápida creación de
una Agencia Europea de Seguridad Sanitaria que, con criterios expertos,
pueda afrontar problemas como los planteados, pero además dictaminar con
metodología científica sobre otros motivos de preocupación que están
planteados, como son los antibióticos que se incorporan a la
alimentación animal, la utilización de hormonas anabolizantes en los
bovinos y la difusión de organismos modificados genéticamente.
Es esencial aplicar criterios políticos de gestión basados en la
autoridad de las ciencias, que permitan que  la ciudadanía recobre la
confianza hoy muy debilitada, y que acaba generalizándose a muchos otros
aspectos de la vida cotidiana, no sólo en el campo del consumo
alimentario. Pero tan importante como esto es que el mundo experto, las
voces científicas, reencuentren su autoridad perdida.
Muchas veces nos hemos ocupado de la mixtificación que nos acosa, y a la
que colaboran los medios de comunicación con su falta de rigor y
búsqueda de simples emociones que los hagan atractivos para un gran
público y fálsamente cómplices suyos. Estamos lamentablemente
acostumbrados a que, sin diferenciación alguna, los "talk shows"
televisivos y tertulias radiofónicas mezclen conceptos con base
científica con otros -mayoritarios- que son meras especulaciones
paracientíficas, utilicen voces de dudosa condición experta y viertan al
caudal de la continua formación cultural del público aseveraciones cuyas
consecuencias últimas son una mayor desinformación y no una mejor
información de los ciudadanos.
Científicos y ciencias han perdido en los últimos tiempos  buena parte
de su autoridad social hundidos en este marasmo comunicacional
indiferenciado en el que estamos sumidos todos. En parte, es muy posible
que sea por culpa suya... Pero esta disminución de la autoridad
científica también es atribuible claramente a la falta de voluntad
política, tanto de los gobiernos nacionales como a la del ejecutivo de
la Unión Europea. Quizá deberíamos tomar ejemplo de la existencia de
instituciones como la FDA (Food and Drug Administration) o la EPA
(Environemental Protecion Agency) de Estados Unidos que constituyen
voces de referencia (aunque no sean del todo indiscutibles) para
afrontar con ciertas garantías problemas como los que suscitan este
comentario y también otros.
El mundo político debería incentivar la proliferación de organismos que
merezcan credibilidad de la ciudadanía, por su independencia y por su
criterio científico, para poder seguir afrontando los retos que se nos
plantean cada vez con mayor virulencia por muchas razones, desde la
rápida introducción de nuevas tecnologías hasta los muchos intereses de
toda índole que confluyen en un modelo de sociedad basado cada vez más
en la espiral del  consumo. Parece que la acción política tenga en
realidad miedo de que existan fuentes independientes con autoridad,
aunque a la larga esta actitud acabe convirtiéndose en una pesada piedra
en el propio tejado porque serán los organismos políticos los que
pierdan su credibilidad, como ya está ocurriendo en los conflictos que
comentamos, y no sólo los científicos.
Pero al mismo tiempo, el mundo científico debería reflexionar seriamente
sobre su pérdida de autoridad, que puede llegar a tener consecuencias
nefastas para su propia evolución. Ya que una sociedad en la que
disminuya la confianza en la autoridad científica será una sociedad que
cada vez estimará menos rentable invertir en ciencia y difícilmente
apoyará acciones en este sentido desde el erario público, hasta el punto
de que el mundo político también puede llegar a creer que hay otras
opciones más rentables. Hay síntomas de que algo está ocurriendo en este
sentido y sería fatal dejar que se avanzara en esta gran equivocación.
Curiosamente, científicos y mediadores de la información -no sólo el
mundo político, como ya es tradicional desde hace un tiempo- caminamos
de la mano por el sendero descendente de la pérdida de la credibilidad y
de la autoridad. Quizá deberíamos reflexionar conjuntamente para
reaccionar. Al fin y al cabo, decía también Kouchner: "nos hace falta
mucha más circulación de la información científica y médica".
Precisamente por esto existe "Quark"...

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VLADIMIR DE SEMIR
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