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[escepticos] Artículo de Opinión de EL PAIS



Para los que no lo conozcan, envío este interesante artículo de opinión,
publicado en las páginas de la sección de Cultura de EL PAIS el 9 de
octubre. Sobra decir que estoy absolutamente de acuerdo con el autor y que
me alegra ver que el sentimiento antimagufo se extiende entre los pensadores
y opinadores españoles.
Saludetes,

Luis Alfonso

Milenarismos

MIGUEL GARCÍA-POSADA
Un modista anunció el fin del mundo para un día del mes de agosto pasado; su
anuncio fue voceado a todos los vecinos; no hubo tal fin. Pero el modista
disfrutó de fama suplementaria antes de la fecha del cumplimiento de su
profecía, y después, fuese y no hubo nada. Por ahí seguirá el hombre
oficiando de culto y de sapiente. Sería engañarse pensar que los profetas y
milenaristas se conformarán con el chasco -en toda profesión hay intrusos-,
porque seguirán incordiándonos y, lo que es más grave, consiguiendo
anchurosos beneficios a costa de la necedad ajena. Porque lo cierto es que
en el 2000 o en el 2001 el mundo seguirá como siempre, dando tumbos y
vueltas de todas clases y dará igual que se trate de un año o de otro.


La ciencia nos ha enseñado tanto sobre la realidad universal que resulta
asombrosa la pervivencia de las supersticiones. Y peligrosa, porque, cuando,
en contra de todas las evidencias, los augures e integristas continúan
firmes, con la tenacidad de las rosas, en sus seudoconvicciones es que algo
grave sucede en el espíritu humano. Los fundamentalistas de Estados Unidos
se niegan a admitir el incontestable fenómeno de la evolución humana y, pese
al big bang, continúan proclamando que Dios creó el mundo en seis días. A
escala más local, las caras de Bélmez se siguen apareciendo investidas de
halos sobrenaturales -y llevan más de veinte años haciéndolo sin faltar un
solo día-, y, de cuando en cuando, los oráculos nos hablan de misteriosas
apariciones marianas. Como aquellas que desmayaron al Papa hierático y
fóbico cuando se enteró de su contenido.


Lo que la ciencia ha dicho -y no sólo los científicos laicos- sobre los
fenómenos de histeria colectiva se convierte en nada ante la superchería y
sus apóstoles. No hay, insisto, que tomárselos a broma: pueden ser muy
peligrosos. Es el triunfo de la irracionalidad, el descrédito de la razón,
el retorno a un oscurantismo mucho más nocivo que el primitivo, porque es
capaz de resistirlo todo, hasta la verdad más evidente. Como lo resistía el
tribunal vaticano que condenó a Galileo, cuando entre sus miembros los había
que sabían de lo sólidas que eran las posiciones del astrónomo.


André Malraux dijo que el siglo XXI sería religioso o no sería. El siglo XXI
aún no ha empezado, pero los síntomas son inquietantes: lo que se viene
encima no es la religión, sino los niveles protozoarios del fenómeno
religioso, que merece todo el respeto cuando se asienta en categorías más
sólidas, aunque no sean verificables por el pensamiento científico. Albert
Camus se inclinaba ante san Agustín o Pascal y uno puede suscribir su
actitud; pero uno no puede inclinarse ni mostrar el menor de los respetos
ante el modista famoso cuando babea las profecías de Nostradamus, ante los
cuentistas de todo el mundo escrutando los números y su simbolismo, ante los
ricachones de Kentucki o Colorado que mandan a Darwin a los infiernos, ante
las caras de Bélmez que nos hablan, dicen, del más allá, ante las damas y
damos que cacarean las apariciones marianas. Hay que ser irrespetuosos,
absolutamente irrespetuosos, con esta gentuza, con la que nos lee los signos
del zodiaco lo mismo que con la que nos escruta el futuro, y hay que serlo
porque de lo contrario esta gentuza, que no siente, ella no, ningún respeto
por nada, nos acabará borrando en sus tinieblas.


Después de todo, mayores atrocidades se han visto en este siglo que
concluye. ¿O no hubo un señor con bigote que causó 40 millones de muertos
clamoreando la superioridad de la raza aria? ¿O no hubo otro señor de perfil
mongol que planeó la conquista del mundo para acabar con las injusticias,
ahí es nada, y se llevó por delante, para comenzar a remediarlas, a 100
millones de personas? Todo es empezar.