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[escepticos] Re: aceite de colza



Estupefacto ante el puterío desatado alrededor del tema del Nobel de la Paz
dejé de contestar un tema interesante para los escépticos, y le pido disculpas
al que trató de introducir el tema y nadie le prestó atención, distraídos por
el espectáculo de las plumas que volaban en el gallinero.
    Alguien trajo a colación el tema del aceite de colza y el envenenamiento
producido en España. Cada tanto sale algún delincuente que a cambio de
hacer una pequeña diferencia no le importa mandar a la quinta del ñato a
decenas de personas..
    Hace poco en Argentina se produjo un caso que unió la falsificación con
la magufería. Un laboratorio New Age promocionaba el "propoleo", algo
producido por las abejas, que como todo lo que viene de ellas, tiene que
ser maravilloso.
    Lo vendían en varias formas, una de ellas era un jarabe. Para darle la
consistencia de jarabe utilizaron un diluyente, y cito de memoria y puede
que desbarre totalmente, me parece que era algo así como etilenglicol.
El resultado fue que murieron 16 personas que sufrieron necrosis de los
riñones. Se dio el caso que cuando las autoridades sanitarias previnieron
respecto al tema salió un hombre defendiendo el producto por televisión
y diciendo que era una táctica en contra de los remedios y la medicina
alternativa, y que él iba a seguir tomándolo. Se murió a la semana.
    Hubo gente que quedó arruinada para siempre, como el caso de
una actriz muy conocida, que estuvo casi un año sin poder caminar.
    Un caso en cierta forma parecido ocurrió unos años antes, con la
jalea real. Debido a que este alimento lo preparan las abejas para alimentar
a la reina, yo deduzco que debe tener alguna hormona que desata la
capacidad reproductora de la abeja destinada a ser reina madre.
Si algún entendido sabe algo y me corrige se lo agradeceré porque sobre
el tema toco de oídas.
    De esa capacidad de diferenciar una abeja estéril a una madraza que
puede engendrar millones de hijos pareciera que algunos han deducido
que la jalea real otorga vigor sexual a quien la consuma. Yo pienso que
las hormonas son muy específicas, y que muy difícilmente una hormona
capaz de actuar en un insecto tenga el mismo efecto en un mamífero.
Nuevamente, repito, eso lo pienso sin ninguna base científica, haciendo
abuso del sentido común, que tantas veces se equivoca.
    Sin embargo muchos viejos han gastados sus ahorros para recuperar
el tiempo perdido cual Proust redivivo.
    Como a todo roto nunca le falta un descosido, hubo en la Argentina
algunos vivillos que aprovecharon la ocasión, y vendían en lugar de la
jalea real un revuelto de afrodisíacos.
    Fue tal el revuelo que causaron los viejos en el geriátrico en su
intento de acabar con toda la virginidad residual que quedaba en los
alrededores que analizaron el producto y se encontraron que de abejas,
nada, era algo así como cantaridina.
    Respecto a la adulteración de alimentos. En Argentina hay muchos
italianos, y trajeron, como a todo el mundo, el gusto por las pizzas los
decentes y los indecentes prácticas mafiosas. Tuvimos la desgracia en
Rosario de que se juntó en un italiano su conocimiento en la fabricación
de pizzas y su tendencia al desprecio por la vida humana. Por tanto
reemplazó el tomate de la salsa con: ¡ferrite!
    Rosario fue todo un enclave de maffias, la Zwi Migdal de los judíos
dedicada a la prostitución, y la de los italianos, dedicada al secuestro
extorsivo. Fue famosa una rosarina muy hermosa, la Agata Galiffi,
ponderada como la flor de la maffia. Llegaron a secuestrar y matar
a Abel Ayerza, un hijo dilecto de la aristocracia de ese entonces.
Agata Galiffi, luego de haber estado a los tiros como Bonnie and
Clyde se terminó casando con un abogado prestigioso. Los conocí
en su vejez, vivían en un suntuoso palacete algo siniestro: Cuando
uno entraba al gran recibidor en penumbras se divisaba una mujer
que nos miraba hieráticamente recostada en un diván. Al acostumbrarse
la mirada a la oscuridad uno se alarmaba, porque la mujer estaba
desnuda, apenas cubierta por un chal. Luego uno se daba cuenta que
se trataba de una estatua hecha con varias clases de mármoles y
piedras de colores que trataban de imitar un ser humano real.
(díganme, por favor se los pido, que no les aburren mis anécdotas)
    Pero me he ido por las ramas. Estaba hablando de adulteración
de alimentos y remedios y terminé hablando de arte equívoco.
    Una falsificación que provocó muchas muertes en Argentina
fue con el vino común. Para poder "estirar" el vino, un bodeguero, y
eso ocurrió ya varias veces en este país, le agregó alcohol metílico.
Este alcohol produce un grave daño, creo, al hígado. Murieron
como quince personas.
    Supe por los diarios de una falsificación en Argelia de aceite
comestible con aceite mineral. En ese caso murieron centenares
de personas. Los delincuentes, cuando la población se alarmó
y se descubrió que era el aceite, lo retiraron de la venta en el
lugar y lo distribuyeron en otro. Creo que los condenaron,
con justicia real, a muerte.
    En Argentina también ocurrió.
    Otra anécdota personal: Uno de los pocos hechos con
cierto viso esotérico que me tocó presenciar fue cuando era
chico. Mi madre había puesto a calentar aceite al fuego en una
sartén. Veníamos de pasar algunos hechos desgraciados que
no es del caso contar aquí. De pronto, instantáneamente, el
aceite transparente se transformó en un líquido color sangre.
Mi madre lo atribuyó a alguna reacción química con algún
resto de comida que pudiera haber quedado pegada al sartén
y como no era para nada crédula, no le dio ninguna
importancia. Pero siempre me quedó como el único hecho
aparentemente sobrenatural presenciado por mí en toda mi vida.
No hace mucho leí con sorpresa que cuando el aceite
comestible se falsifica con aceite mineral ocurre ese fenómeno
al calentarlo. Como eso fue un comentario al pasar en una
revista cualquiera, me gustaría ante tanta gente sabia que
hay en esta lista, si alguien me puede explicar mas o menos
científicamente cómo es que ocurrió ese hecho.
(¿Cierto que no se aburrieron? que me corto las venas)
                        Héctor Walter Navarro